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El muro de la desinformación

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En el año 2017 tuvo lugar uno de los escenarios políticos más controvertidos de la historia. Tras una dura campaña electoral llena de fake news, alternative facts y promesas populistas, el empresario y celebrity, Donald J. Trump, se convertía en el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América. Un puesto que, para muchos, queda grande para una persona con múltiples intereses que podrían chocar con su nuevo cargo.

Pero, ¿cómo llegamos aquí?

Más allá de sus famosas promesas electorales centradas, principalmente, en construir un muro que separe México y Estados Unidos para cortar el flujo de entrada de inmigrantes al país, la candidatura de Trump se basó en una potente campaña de ingeniería social que se aprovechaba de los puntos flacos de la sociedad estadounidense.

Dicha campaña se basaba, principalmente, en una vulnerabilidad de seguridad en Facebook dónde, gracias a las opiniones vertidas por los usuarios de la red social en las típicas aplicaciones de preguntas estilo “¿A qué casa de los Siete Reinos pertenecerías?”, la empresa Cambridge Analytica sería capaz de crear un perfil psicológico de cada uno de los usuarios que utilizara esa aplicación de forma que pudiera segmentar la población en diferentes silos. ¿Quién dijo que Facebook era seguro?

Seguidamente, una vez creados los silos y segmentada la población, el votante se vería impactado por diferentes campañas de marketing personalizado acorde a sus gustos o intereses. Un claro ejemplo de uso partidista, nunca mejor dicho, de la analítica.

Sin embargo, no ha sido solo en Estados Unidos

Donald Trump no ha sido el único que se ha aprovechado del “robo” de información, atentando contra la privacidad de la gente, para alcanzar un objetivo personal. Quizás sea la Unión Europea uno de los lugares donde más se está notando la injerencia de las nuevas prácticas de conversión electoral.

Uno de los casos más sonados en el que se ha intentado influir en el votante ha sido en el referéndum británico para salir de la Unión Europea. El famoso Brexit. Aquí se presume que aparece, por primera vez, Cambridge Analytica intercediendo a favor de la campaña por el abandono de la Unión Europea. El resultado, como todos sabemos, ha sido la salida del Reino Unido de la Unión Europea.
Pero, no acaba aquí. La propaganda electoral ha ido evolucionando con la sociedad. Atrás quedan los años dónde se bombardeaba con cartas y correo postal. Hoy en día, pesa más la visibilidad en redes sociales y generar ruido para llamar la atención. Así, volviendo a Donald Trump, de acuerdo con recientes investigaciones, de sus casi 60 millones de seguidores se estima que hasta un 60% de ellos sean cuentas inactivas, falsas o bots. Bots…Sí, bots. Bots encargados de generar volumen de “followers”, bots encargados de retwittearle y generar ruido y, sobre todo, bots “spameadores” encargados de distribuir fake news.

Las famosas fake news. Resulta curioso que, en la era de la información, la era en la que mayor acceso tenemos a las noticias, sea la misma era en la cual la sociedad está más desinformada. Y no se trata de un tema a ignorar. Estas noticias han estado pululando por todas las elecciones desde hace unos años intentando torpedear a las diferentes candidaturas. Por ejemplo, en las últimas elecciones en Francia, se ha generado un gran ruido alrededor de la relación entre el entonces candidato Macron y su mujer.

¿Deberíamos preocuparnos?

Sí. Debemos preocuparnos. De hecho, las principales interesadas en abordar esta problemática, las grandes empresas de publicidad y analítica, ya están trabajando para evitar cualquier sombra de duda. A día de hoy, estas empresas están tratando de garantizar una total imparcialidad ante temas tan conflictivos como los que tratamos llegando, incluso, a definir reglas de transparencia en sus anuncios durante la campaña electoral.

De esta forma, aquí, en España, tanto Facebook como Google exigirán un nivel mucho más alto de transparencia a la hora de creación de campañas publicitarias electorales exigiendo que si las elecciones son en España, el anuncio proceda de ese mismo país o, incluso, se requerirá validar la identidad de la persona o empresa que contrate la publicidad.

Sin embargo, el escollo a salvar más importante por parte de dichas empresas, y que afecta directamente a nuestro país, se encuentra en las fake news. El escenario político se ve ahora como tablero de “risk” en el cual se intenta conquistar ferozmente a cada uno de los votantes. Sin reglas. Y más en un país como el nuestro en el que está demostrado que más está costando educar a la población en cuestión de bulos.

A día de hoy, la Unión Europea y todos los actores están colaborando activamente y han creado Códigos de buenas prácticas y, además, se pueden visitar diferentes páginas para verificar si una noticia es un bulo o real como, por ejemplo, Maldito Bulo o Trusted News.

Y vosotros, ¿estaríais de acuerdo en suprimir el marketing digital en periodo electoral?, ¿qué medidas tomaríais para evitar la desinformación?


*Fuente imagen destacada: Unsplash

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