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Google y Facebook: ¿escuchan nuestras conversaciones?

Se lee en 4 minutos

Las omnipresentes Google y Facebook tienen acceso a una ingente cantidad de información sobre nosotros a través de nuestros perfiles en redes sociales y datos de navegación. ¿También escuchan nuestras conversaciones?

Una breve historia

Juan disfrutaba de una conversación distendida con los colegas. Hablaban sobre las humedades que tenía en el piso que compartió con su ex, y de que el deshumidificador de una conocida marca no les había servido para nada. Entonces, esa misma noche, mientras recorría Instagram taciturno observando las fotos de sus vacaciones en pareja en Vietnam, le atravesó un escalofrío: un anuncio de un deshumidificador… ¡y de aquella misma marca!

Podría ser el comienzo de un capítulo de Black Mirror low cost, pero es un microrrelato basado en hechos reales. Probablemente habréis escuchado multitud de historias similares.

Al grano: ¿nos escuchan a través de nuestro smartphone?

No es posible responder a esta pregunta de forma absoluta y definitiva, pero debemos estar al tanto de que es posible hacerlo. No creo que coja a nadie por sorpresa. Sin embargo, cuanta más información tengamos, mayor será nuestra capacidad para tomar decisiones y proteger nuestra privacidad, o para aquellos que trabajamos con datos, valorar la calidad de su origen, o incluso censurarlos si contuvieran información personalmente identificable.

En primer lugar, que nuestro smartphone nos “escuche” no es algo necesariamente malo. Es malo que lo haga sin nuestro permiso, o que se haga un mal uso de los datos recogidos. El principal uso que se le otorga a estas escuchas suele ser con fines estadísticos, para conocer el uso que se le da a las aplicaciones y mejorar la calidad del servicio. Suena muy trillado, pero es lo que defienden las empresas y yo me inclino a pensar que es así.

En la actualidad existen infinidad de aplicaciones, tanto para Android como para iOS, con capacidad para capturar audio a través de nuestro smartphone, tablet o asistente virtual para el hogar, y lanzarlo hacia la profundidad de la red. No se trata de un proceso complejo para un desarrollador de aplicaciones móviles, por lo que sería un error limitar la potencial autoría de estas prácticas sólo a las grandes compañías. De hecho, son las pequeñas compañías las que tienen la libertad de operar de esa forma sin exponerse demasiado. Aunque, por otro lado, para dotar de algún tipo de valor a los datos recolectados es necesario el desarrollo de una solución más compleja y costosa, lo que nos lleva al siguiente punto.

¿Qué valor tienen los datos procedentes de escuchas?

Vamos a asumir que nos escuchan de forma activa, incluso sin nuestro permiso, y también, pues en el 99% de los casos sería así, que el objetivo es construir y segmentar audiencias con nosotros para mostrarnos anuncios más relevantes, basados en aquello de lo que hubiéramos estado chapurreando con la familia o los amigos mientras nos tomábamos un café.

Teniendo eso en mente y remontándonos unas líneas atrás, ¿estaba Juan interesado en un deshumidificador?, ¿fue relevante el anuncio de Instagram basado en su conversación? En este caso, no. Evidentemente, es sólo un ejemplo, pero es un ejemplo bastante revelador sobre la fragilidad de estos datos si los comparamos con otros tan asentados como son los recolectados durante la navegación, donde el mero hecho de haber realizado una búsqueda lleva implícito el interés del usuario.

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Pero, a pesar de todo, si todavía queremos seguir apostando por esta idea, podemos aderezar las escuchas con unas gotitas de machine learning y obtendremos un algoritmo capaz de diferenciar con precisión las conversaciones habladas relevantes de las irrelevantes… ¿o aún es pronto para eso?

Cuanto más, ¿mejor?

En la guerra por el poder de la información, el dato es el valor más preciado. Quien más datos posea, más probabilidades tiene de alzarse por encima de los demás, y escuchar las conversaciones de los usuarios, abre todo un nuevo universo de posibilidades y datos sin límites, para quien sepa, y pueda, gestionarlos.

Al menos eso es lo que parecen pensar muchas empresas, ¿pero es así realmente? Hay quien opina que no. De hecho, no tener control sobre los datos recolectados puede ser causa de muchos quebraderos de cabeza para las empresas.

El CDT (Centro para la Democracia y la Tecnología) sostiene que deberían establecerse unos principios legales que protejan a los consumidores de prácticas como estas, pero, de forma paralela, también busca convencer a las empresas de que recolectar información de forma controlada es para su propio beneficio. En la mayoría de casos, sólo se aprovecha una porción muy pequeña de todos los datos recolectados, convirtiendo el excedente en un potencial foco de filtraciones y problemas legales, como de hecho ya ha ocurrido.

Entonces, ¿cómo explicamos misteriosas coincidencias como la de Juan?

En realidad, podrían ser justamente eso: coincidencias. O podría ser una concatenación de situaciones, a pesar de que aquellos que han vivido estas situaciones afirmen de forma tajante que nunca antes habían buscado esos términos. Pueden no recordarlo, o pueden haberse conectado a la “red equivocada” y tener su historial de búsqueda contaminado por otro usuario… o quizá se acerque el invierno y con él las humedades, y es justamente el momento de anunciar deshumidificadores a varones de entre 30 y 50 años en Asturias…

En resumen

Es improbable que empresas del calado de Google o Facebook estén realizando escuchas sin consentimiento de los usuarios, y con consentimiento no me refiero a que durante la instalación de las aplicaciones “permitamos” que accedan al micrófono, cosa que la mayoría hacemos sin pestañear, sino a través de una comunicación formal y transparente a los usuarios sobre los cambios a aplicar en la política de recolección de datos. De no ser así, estaríamos asistiendo a un (nuevo) escándalo de violación de la privacidad que amenazaría seriamente a la reputación de estas empresas en un momento especialmente delicado.

Bonus: comprobar tu Actividad de Voz en Google

Google, en un alarde de transparencia, nos facilita una página web desde la que podemos revisar y escuchar todos los audios que hemos generado al interactuar con su asistente desde cualquier dispositivo conectado con nuestra cuenta de Google. Además, nos asegura que no utilizará nuestros datos con fines publicitarios.

Accediendo a la página de Mi Actividad en Google, únicamente tendréis que filtrar por “Voz y Audio” para ver los resultados ordenados por fecha. En mi caso, además de varios comandos de voz rutinarios para poner recordatorios, también me encuentro algunos audios ininteligibles que probablemente sean activaciones erráticas del servicio.


*Fuente de la imagen principal: Freepik
*Fuente de la imagen en el cuerpo: Stone Temple

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