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Datos en tu ADN, ¿cada vez más (terroríficamente) cerca?

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Los más veteranos del lugar recordarán aquellas páginas web de colores hirientes, horribles fondos creados a partir de patrones y GIFs con transparencia y bordes pixelados girando y girando sin parar. Afortunadamente, esos tiempos de inquisición estética pasaron, pero en los últimos años hemos visto al GIF volver a la carga en forma de memes que se propagan sin cesar por foros, redes sociales y aplicaciones de mensajería. Por si eso fuera poco, hace tan solo unos días (12 julio de 2017) han dado un paso más en su invasión a nuestro día a día, o, mejor dicho, se han puesto las zapatillas para dar un paso a nuestro “futuro” día a día.

Pero, como habrás podido adivinar por el título de este post, en esta historia, el GIF sólo es un actor “in a supporting role”, donde el verdadero protagonista es el ADN, el repositorio de datos de la naturaleza.

Una vez más, la realidad supera a la ficción y, mientras ingenieros de todo el mundo emplean todos sus esfuerzos en optimizar cada vez más los métodos de almacenamiento de datos en servidores y discos de uso doméstico, un grupo de biólogos de la Harvard Medical School han conseguido almacenar un archivo en el ADN de un organismo vivo.

A decir verdad, el trabajo con ADN sintético como método de almacenamiento lleva en proceso de desarrollo desde hace años, con el respaldo de empresas de la talla de Microsoft, pero esta es la primera vez que se logra en el ADN de un organismo vivo. La “víctima”, en este caso, ha sido la bacteria Escherichia coli.

Micrografía electrónica, de baja temperatura, de un cúmulo de bacterias E. coli ampliado 10 000 veces. Cada cilindro redondeado es un individuo. Fuente: Wikipedia

El estudio consistió en la introducción de imágenes, fijas y en movimiento, en el ADN de un cultivo de citada bacteria aplicando el sistema CRISPR-Cas, lo que vendría siendo un “editor de genes”. Explicado groso modo, gracias a las proteínas “Cas”, ante el ataque de un virus, las bacterias liberan unas enzimas que “cortan” el ADN del invasor y, para estar prevenidas ante un futuro ataque, “recuerdan” ese ADN introduciéndolo en su propio genoma. Esa habilidad ha sido la aprovechada por los científicos de Harvard para introducir información en el código genético de las bacterias.

En una primera aproximación, los científicos introdujeron en el cultivo de E. Coli la imagen de una mano formada por pares de bases A, G, C y T, de tal forma que los nucleótidos harían las veces de los píxeles de una imagen, correspondiendo cada uno a un tono de gris.

Imagen: Seth Shipman

Evidentemente, el experimento con una imagen en movimiento fue harto más complicado y se podría decir que “tiene truco”. Para recrear la animación, cada frame tuvo que ser introducido en individuos particulares y, finalmente, reconstruido con su conjunción. Como curiosidad, la imagen elegida fue la de la yegua Annie G a galope de Eadweard Muybridge, una de las primeras animaciones de la historia.

Imagen: Seth Shipman

Según los artífices del estudio, una vez insertado el genoma en las bacterias, los datos pueden ser recuperados secuenciando el ADN y las imágenes se reconstruyen, con una precisión del 90%, leyendo a través del código de nucleótidos.

Imagen: Seth Shipman

La idea de convertirnos en discos duros andantes puede llegar a resultar intimidatoria, pero antes de que nuestras mentes empiecen a entrar en crisis existencial, Seth Shipman nos explica el objetivo inicial de las investigaciones:

Hemos conseguido almacenar imágenes y animaciones en una célula viva, lo que puede resultar divertido, pero ese no es el objetivo principal del experimento […] Lo que estamos intentando desarrollar es un “grabador” molecular, que pueda usarse en células vivas y recoger información a lo largo del tiempo.

Es muy común el pensamiento en un futuro en que Skynet despierte y las máquinas nos suplanten y/o esclavicen tras alcanzar una “consciencia” propia a través de la inteligencia artificial, pero ¿y si somos los humanos los que acabamos suplantando a las máquinas? El tiempo nos lo dirá.

*Fuente Imagen de cabecera: Freepik – Autor: Kirsty Pargeter, @kjpargeter

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